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La papelera mágica

La papelera mágica

Marcos hizo los deberes en su cuarto y cuando terminó tiró a la papelera todos los papeles de hacer las cuentas, después esos papeles los reciclaba con su hermana mayor y hacían caretas y figuras con papel y cola.

Al día siguiente, cuando llegó del cole, la papelera estaba vacía y pensó que su madre la habría limpiado. Sacó sus libretas de la mochila y comenzó sus deberes como siempre.

—¿Por qué está tan alta tu mesa, Marcos?

Marcos miró alrededor y no había nadie.

—¡Chis! ¡Estoy aquí!, abajo, cerca de tus zapatos, ¡ten cuidado y no me pises!

Un hombrecito, hecho de papelitos arrugados con borrones de tinta de colores le hablaba mientras trepaba por sus zapatos.

—¿De dónde has salido tú?

El hombre de papel señaló a la papelera.

—¿y cómo has…? —Marcos no pudo terminar la pregunta.

—Esa papelera es mágica y los papeles nos transformamos en cosas.

Cuando dijo esto el hombre de papel, Marcos vio atónito, cómo de debajo de su armario iban apareciendo figuras de papel: un caracol con sombrilla, un dinosaurio, un sombrero con zapatos muy raros, un caballo de seis patas…

—¿Qué hacéis aquí en mi cuarto?

—Señor Marcos, usted es el rey de esta habitación y nos gustaría que nos ayudara a encontrar el reino de las letras.

El que habló esta vez fue el caracol. Marcos iba subiendo a todos a la mesa de estudio, para poder verlos bien y hablar con ellos.

—¿Sabéis algo más de ese reino?

—Allí podemos comer letras y vivir felices sin miedo de que pasen la aspiradora. Ya perdimos a Mosca.

—Vaya, lo siento.

Marcos pensó mucho.

Bajo la atenta mirada de las figuras de papel abrió su mochila del cole.

—Venid conmigo —los invitó— os llevaré a una gran biblioteca. Allí podréis vivir dentro de los libros que queráis y podré visitaros.

Relato y dibujo: Clara Belén Gómez